Historia de la mamoplastia de aumento

Los inicios de la mamoplastia o aumento de volumen mamario fueron muy inciertos. Al principio, algunos cirujanos comenzaron a incluir en el pecho femenino sustancias de todo tipo. Las primeras operaciones se hicieron introduciendo en el pecho grasa retirada de otra parte del cuerpo de la misma paciente; sin embargo, ésto fue rechazado y no tuvo éxito. Otras tentativas posteriores consistieron en la colocación por debajo de la glándula de distintas sustancias como cera, marfil, bolas de vidrio, parafina, etc.
Más tarde, con la industria química y la existencia de nuevas sustancias como teflón, polietileno, polivinil, etc., en forma de esponjas o virutas, se hizo la misma operación, pero tampoco se obtuvieron buenos resultados, ya que existía una intolerancia que obligaba a retirar todos los implantes que se ponían, pues el cuerpo extraño introducido en el pecho, era invadido por tejido fibroso que lo transformaba en un cuerpo duro, resultando muy doloroso para la paciente.
Más adelante, surgen nuevas esperanzas con el descubrimiento de las siliconas. Las primeras operaciones con este método se hicieron con silicona líquida. Dada la dispersión y movilidad incontrolable, ocasionó peligrosos efectos en las pacientes, como el embolismo pulmonar y cerebral, alergias, fístulas y aumento de posibilidades de neoplasias. Por este motivo, se contraindicó la aplicación de silicona líquida y se comenzó a utilizar las prótesis sólidas. Se inventó un nuevo modelo de prótesis, consistente en un a bolsa cuyas paredes eran de silicona sólida en una lámina fina y su interior estaba lleno de silicona gelatinosa. De esta forma, no solo se evitó el problema de la silicona líquida, sino que también se pudo reproducir la forma y el volumen del seno natural. Hoy en día, este modelo con algunas modificaciones sigue siendo el más utilizado.






